Presentación

Este espacio pretende ser una modesta ventana que muestre, siquiera minimamente, la grandiosidad de la naturaleza extremeña, una naturaleza exuberante, pletórica, agreste y, en ocasiones, única. Aquí la fotografía, el dibujo y la palabra quieren ser un pincel que abocete el alma de lo vivo. Y será en el entorno de la Sierra de San Pedro donde la luz y el color tracen sus contornos.

martes, 10 de agosto de 2010

La saca del corcho, tradición y sostenibilidad.

Pocas actividades habrá que se desarrolle en nuestros campos tan inocuas para el medio como la saca del corcho, la extracción de la corteza del alcornoque se lleva a cabo hoy como hace doscientos años, de forma manual con una simple hacha, una palanca de madera y la pericia necesaria para conseguir el fruto sin dañar el árbol.



La corteza del alcornoque es el principal por qué (obviamente económico) de la conservación de los alcornocales. Parece que hoy para que algo merezca la pena ser conservado es necesario el rendimiento económico, a ser posible a corto plazo. Este aprovechamiento de forma indirecta beneficia a todo un ecosistema plagado de riquezas botánicas y faunísticas.



Cada nueve o diez años un alcornoque adulto es despojado de su vestimenta, la capa de corcho que cubre su tronco, siempre en los meses de verano, época en la que se desprende con facilidad de la madera. El resto del año se prepara en las mal llamadas “fábricas de corcho”, digo mal llamadas porque la única fábrica de corcho que existe es el alcornoque que lo fabrica, las industrias tan solo se ocupan de su clasificación y manufactura.



El principal uso del corcho es el tapón para cerramiento de botellas de vino. De unos años a esta parte la industria vitivinícola usa cerramientos de plástico, vidrio y aluminio para los vinos jóvenes. Esto ha provocado una crisis en el sector corchero y la incertidumbre en su futuro; y por ende en los sectores conservacionistas y medioambientalistas que intuyen el abandono de los alcornocales si el corcho deja de ser rentable.


A continuación una serie de imágenes que muestran la saca de un alcornoque.





El resultado final estéticamente es una tentación para el aficionado a la fotografía, los troncos hasta ahora pardos y cenicientos muestran una nueva librea amarillenta que en pocos días se tornará rojiza e irá cambiando su tonalidad en los próximos tres o cuatro años hasta su estado primigenio.



El acarreo hasta la pila donde se reunirán las planchas de corcho ordenadamente, es uno de los procesos que si ha sufrido un cambio drástico, aquí también como en tantas labores agrícolas, el tractor ha sustituido a la collera de mulas excepto en aquellas serranías más abruptas donde aun se usan, aunque ciertamente cada vez menos.



En la pila las planchas se colocan con la “barriga” hacia abajo para que la perdida de humedad sea la menor posible, pues se vende tradicionalmente al peso en una medida singular por estar en desuso en otros ámbitos, el denominado quintal castellano, equivalente a 46 Kg aproximadamente.


La forma tradicional de la pila es un circulo en espiral, aunque también puede ser rectangular. En ella se hace la primera selección del corcho apartando los pedazos, (aproximadamente trozos de “cuarta por cuarta”), las garras, agarras o zapatas, (parte del corcho más próxima a las raíces del alcornoque), las albardas, (trozos de la saca anterior adheridos a la nueva plancha), el bornizo, (corcho que se saca por primera vez, es el corcho original), y en ocasiones el refugo, (es el corcho de peor calidad a primera vista por grosor, aspecto, porosidad, etc)

Aquí esperará el corcho a los camiones para llevarlo hasta las industrias corcheras, mayoritariamente situadas en nuestro pais vecino Portugal, y en España concentradas en Cataluña y Extremadura, en esta última en San Vicente de Alcántara, conociéndose esta localidad como la Capital del Corcho.


Esperemos que esta imagen se siga viendo en los campos extremeños cada verano, una cuadrilla de “sacaores” despojando a los alcornoques de su corteza, el corcho, (el “oro pardo”), por la renta per capita que supone para nuestra región, por un sector modelo de desarrollo sostenible y por la pervivencia de los alcornocales y sus inquilinos, como el Buitre negro, la Cigüeña negra o el Águila imperial ibérica, nicho ecológico de importancia vital para estas y otras muchas especies. Para ello no estaría de más comprobar que tapón lleva la botella de vino que nos sirven en el restaurante de turno.





jueves, 15 de julio de 2010

Estampas de la Sierra de San Pedro. Elanio azul

Víctima de la seca, la vieja encina se yergue como mano huesuda y gigantesca; esqueleto convertido en faro guía para tantos. Y en el extremo más fino blanca bandera de ojos rojos nos observa, desafiante, como un insulto al mimetismo de la estepa. Ondea más que vuela y paraliza al viento con sus alas para dejarse caer en auxilio del rastrojo. Absorto el topillo se axfisia dolorido mientras ve alejarse el suelo de sus patas, apéndices inútiles al aire. Ahora la noble encina (noble hasta en la muerte) ofrece su robustez marchita; mesa de banquete.


A pesar de su sedentarísmo, parece que la enorme dependencia de sus principales presas, topilllos y ratones, están detrás de las apariciones y desapariciones de los elanios en una zona determinada. Yo he podido seguir y fotografiar durante tres años dos parejas en una zona que desaparecieron repentinamente y no han vuelto a aparecer salvo ocasiones esporádicas de avistamiento de un solo individuo.


Elanio joven. Notese el blanco de las puntas de las plumas del dorso, que dan aspecto de "escamado", así como los tonos salmón del pecho. Estas son las principales diferencias con los adultos.

Este elanio llegó con un roedor entre sus garras, como tantas veces, procedente de un sembrado cercano. Las zonas de siembra suelen ser adyacentes a sus emplazamientos para anidar.




Era una brasa encendida
mirando la primavera,
era una blanca bandera
sobrevolando la vida.

Era sobre la pradera,
en el ocaso dormida,
una cometa prendida
entre nubes; el aire era.

Ya planeando o batiendo,
cerniéndose o remontando,
haciendo mil filigranas.

Iba yo en sueños, durmiendo
leve a su lado, silbando,
como dos almas hermanas.

miércoles, 9 de junio de 2010

Estampas de la Sierra de San Pedro. Buitre negro

En el complejo reciclaje de la vida, lo grotesco y horrible de la muerte vomita del interior de su crisálida la bella mariposa. El ave fénix de la Sierra de San Pedro es negra y abraza el aire con más de dos metros de envergadura. Resucita constantemente; pervive y aletea con el ocaso ajeno. Desde su altura vela incansable por lo limpio. En su guerra implacable a la podredumbre sembrada por la dama negra (como él), combate desde monótonas corrientes térmicas o copas de alcornoque en las laderas del Torrico. Ojo que todo lo escudriña, higienicamente enamorado de lo oscuro.





Pareja de Buitres negros en pleno cortejo.


Una imagen completa; en torno a una carroña los tres buitres que sobrevuelan los cielos extremeños; Buitre negro, Buitre leonado y Alimoche.


A pesar de su parecido la silueta del Buitre negro y el Buitre leonado tiene diferencias apreciables.