Arrendajo (garrulus glandarius)
Presentación
Este espacio pretende ser una modesta ventana que muestre, siquiera minimamente, la grandiosidad de la naturaleza extremeña, una naturaleza exuberante, pletórica, agreste y, en ocasiones, única. Aquí la fotografía, el dibujo y la palabra quieren ser un pincel que abocete el alma de lo vivo. Y será en el entorno de la Sierra de San Pedro donde la luz y el color tracen sus contornos.
sábado, 26 de marzo de 2016
domingo, 31 de enero de 2016
Meandro El Melero
Meandro El Melero desde el mirador de La Antigua, en Riomalo de Abajo.
Formado en el Río Alagón hace frontera natural entre Extremadura y Castilla y León; entre las provincias de Cáceres y Salamanca.

Dependiendo del nivel del embalse Gabriel y Galán el aspecto del meandro será más o menos atractivo por el cauce. En cualquier caso siempre resulta espectacular con la Sierra de Francia al fondo.
Aspecto en agosto de 2015. El resto de imágenes tomadas en enero de 2016.
Aquí de espectador temí la sobredosis,
adicto como soy al paisaje, lo celebro,
y bendigo la ocasión, el milagro y la simbiosis
-a orillas del Alagón-
de la cornea y las neuronas, el ojo y el cerebro;
alquimia de la visión.
Éxtasis al contemplar, sublime el ejercicio
de abandonarse al espacio enorme, placentero,
hincando la mirada para saciar el vicio
en la gigantesca herradura
que abraza serpeante su nombre de Melero
lamiendo Extremadura.
martes, 29 de diciembre de 2015
Foto-poema. Trepador azul (y recuerdos de la infancia)
Trepador azul (sitta europaea)
La silueta del Trepador azul, junto a la de Herrerillos comunes y Carboneros comunes, va ligada a mis primeros recuerdos pajariles, que arrancan casi al mismo tiempo que mi memoria, pues compartimos hábitat, por así decirlo, en las dehesas extremeñas. Ellos moraban los huecos de los árboles cercanos al chozo donde, por aquel entonces, vivía yo con mi familia. De aquel chozo compuesto por un esqueleto de "pontones" de encina, cubierta de jaras y escobas, y sobre cubierta de juncos para que resbalara el agua, rematado por un "bardo" de taramas de un metro aproximado de altura en todo su perímetro que impidiese el acceso del ganado al mismo; de aquel chozo no queda nada hace décadas. Todo lo más, si sabes de su antigua existencia, un circulo en el relieve del suelo correspondiente al amontonamiento de tierra en toda su base.
En Extremadura estamos en deuda con ese tipo de construcciones sencillas que casi desde la edad media hasta entrados los años 70 del pasado siglo cobijaron cientos, sino miles, de familias de pastores, jareros, porqueros, labradores, segadores, carboneros, piconeros,... jornaleros todos de los campos que nos circundan. Y resulta asombroso ese olvido, porque no es algo que pertenezca al pasado más remoto, aún somos muchos los que vivimos con aquella experiencia en la memoria. Solo los que se construyeron con materiales más duraderos como piedra, mortero y argamasa perduran semiderruidos en cerros y collados. De monte solo queda alguno como el que muestro más abajo,
muy cerca de la localidad de Santiago de Alcántara, construido para dar fe de un modo de vida que, a pesar de ese olvido colectivo, era el mayoritario en Extremadura antesdeayer. Desde aquí lo reivindico en la memoria.
viernes, 20 de noviembre de 2015
viernes, 30 de octubre de 2015
sábado, 17 de octubre de 2015
martes, 6 de octubre de 2015
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