Presentación

Este espacio pretende ser una modesta ventana que muestre, siquiera minimamente, la grandiosidad de la naturaleza extremeña, una naturaleza exuberante, pletórica, agreste y, en ocasiones, única. Aquí la fotografía, el dibujo y la palabra quieren ser un pincel que abocete el alma de lo vivo. Y será en el entorno de la Sierra de San Pedro donde la luz y el color tracen sus contornos.

domingo, 18 de abril de 2010

Estampas de la Sierra de San Pedro. Avutarda

"Abril revienta de luz y sementera hacia lo verde. El alma del barbecho retoñece y pulula el color entre espejismos de pétalos y ráfagas de plumas. Se abre el encinar y desaparece antes de llegar a las casas encaladas. Páramos de cereal, dientes de león y viborera; cuadrículas diseñadas en piedra, derruido esqueleto en la llanura. También por abril florece de trigueros sobre alambres de espino (alambres de oxidado sentimiento), de baile de barbón y copas de amapolas."





Fieles a la cita del celo, las Avutardas (otis tarda) acuden al lek ubicado a escasos 3 km de mi casa, un lek particular, pues no se trata de una inmensa llanura como suele ser habitual, sino de una dehesa mixta de encinas y alcornoques, aunque ciertamente muy abierta y condenada a desaparecer y convertirse en llano, pues todos los años mueren ejemplares de las dos especies que desaparecen sin relevos apreciables, aclarando más las lomas donde se yerguen.
Desde que era un chaval recuerdo encuentros con estos "pavos bravíos" en este lugar, luego supe el porqué de su insistencia cada primavera de adentrarse en esta dehesa, lo que significa que este lek debe existir desde hace muchas décadas. Y yo solo espero no conocer su desaparición

domingo, 21 de marzo de 2010

El espacio; mi espacio. La Sierra de San Pedro

Situada en el centro oeste de Extremadura, a caballo entre las dos provincias extremeñas (Cáceres y Badajoz) y haciendo frontera entre ambas a lo largo de su geografía, se encuentra la Sierra de San Pedro. Una sucesión de pequeñas sierras de escasa altitud horman su esqueleto de cuarcitas y pizarras, rodeadas de una vegetación típica de monte y matorral mediterráneo, donde Encinas y Alcornoques son protagonistas destacados del paisaje.


El Torrico es el punto más alto de la Sierra de San Pedro con 702 metros sobre el nivel del mar. Los Alcornoques y Encinas de sus faldas, bordadas de Madroños, Brezos, Jaras, Cornicabras, Olivillas, Piruétanos,... ofrecen su porte de edificios vegetales al Buitre negro o al Águila imperial entre otros inquilinos, para ubicar sus nidos y dar cobijo a su siempre frágil futuro.


La jara es, sin lugar a dudas, la protagonista vegetal a baja y media altura en toda la sierra. La nevada de sus flores acude puntualmente por marzo a impregnar de ládano el aire y blanquear el lomo verde del monte, moteándolo cual cervatillo recién nacido.


Cuando la ladera llanea aparece la dehesa en todo su esplendor, y se constata que la mano del hombre y el diente del rumiante doméstico hicieron su trabajo con eficacia a lo largo de los siglos.


Y a vista de pájaro (quizá Camachuelo, Pinzón, Buitre o Paloma) se intuye su pasado frondoso huérfano de matorrales de ayer, pero bullicioso de vida como antaño.


Tras pasar la noche con la banda sonora de los Grillos del valle, el ladrido del Zorro, la retahíla del Chotacabras, o el bramido de los Ciervos en la berrea, se disfruta y saborea lentamente el mágico, repetido y a pesar de todo siempre único ritual del amanecer.


Un lógico deseo

Si muero enterradme aquí,
al pie de aquellas encinas,
pues fueron esas colinas
lo primero que yo vi.

Si muero enterradme aquí,
entre jaras y cantuesos,
que eternamente mis huesos
aspiren lo que yo olí.

Si muero esté donde esté,
por la Sierra de San Pedro
sepa él, el buitre negro,
que a su estela me uniré.

Si muero esté donde esté
vuele mi alma inmortal
donde el águila imperial
vuela y volando se ve.

Si muero esté donde esté,
si muero, enterradme aquí,
que las cenizas de mi
broten donde antes broté.