Presentación

Este espacio pretende ser una modesta ventana que muestre, siquiera minimamente, la grandiosidad de la naturaleza extremeña, una naturaleza exuberante, pletórica, agreste y, en ocasiones, única. Aquí la fotografía, el dibujo y la palabra quieren ser un pincel que abocete el alma de lo vivo. Y será en el entorno de la Sierra de San Pedro donde la luz y el color tracen sus contornos.

domingo, 7 de junio de 2020

Chochín, un diminuto gigante



Chochín (troglodytes troglodytes)

Nuestro protagonista es uno de esos pajarillos que pasa desapercibido fácilmente por vivir en zonas intrincadas, boscosas y matorral denso por el que se mueve a velocidades de vértigo a veces. Pero si se reconoce su canto se localiza en primavera con facilidad, ya que el mismo es una explosión melodiosa y repetitiva que pareciera provenir de un ave mucho mayor. Su diminuto tamaño (9-10 cm) no le impide ciertas proezas, como por ejemplo, que el macho construya hasta 7 u 8 nidos para que elijan sus hembras el que más les guste, ya que, aunque no siempre, puede ser polígamo y criar con dos hembras a la vez. Un pequeño gigante de nuestra avifauna.



domingo, 12 de abril de 2020

Cigüeña desde mi ventana


Frente a mi ventana hay una palmera en un pequeño terreno a unos 100 metros de distancia. Durante mucho tiempo fue refugio de una colonia mixta de gorriones morunos y comunes. Desde hace unos cuantos años fue perdiendo las hojas poco a poco, y coincidiendo que "su techumbre" iba mermando, todos los años alguna cigüeña (ignoro si la misma, no lo creo) se anima a hacer un nido o amago del mismo, ya que su construcción es exigua. Siempre ocurre igual, lo visita regularmente, hasta que cansada de esperar una pareja (siempre la vi sola) o por otras circunstancias, acaba abandonando la cada vez más mermada plataforma, que acaba desapareciendo por completo por el robo del material a cargo de otras cigüeñas. Es probable que  cada año se trata de algún joven distinto en busca de perpetuarse. Este año de confinamiento, siendo ya la palmera un simple tocón, está en ello de nuevo.  Este año, por razones obvias, le presto más atención, y no deja de ser un soplo de campo en mitad del pueblo; y motivo de inspiración. Debo agradecérselo de alguna manera. 

lunes, 30 de marzo de 2020

sábado, 21 de marzo de 2020

Día mundial de la poesía

Días de incertidumbre


La fuente


sábado, 14 de marzo de 2020

Félix Rodríguez de la Fuente

Hoy hace 40 años que algunos de mi generación supimos que era la orfandad. La influencia de Félix Rodríguez de la Fuente fue entre esa manada de muchachos de las mejores cosas que nos pasó en nuestras vidas. Su voz y su programa cumbre, El Hombre y La Tierra, resultaron una especie de asignatura más impartida por la televisión de entonces. Y muchos de nosotros supimos que necesitaríamos el contacto con la naturaleza permanentemente en la singladura vital que nos tenía reservada nuestra trayectoria. Muchos, fascinados por el verbo acaparador de Félix, acabaron dedicándose profesionalmente a temas relacionados con la naturaleza y hoy son biólogos, educadores ambientales, veterinarios, ingenieros de montes, etc.
En mi caso, y teniendo en cuenta que mi infancia se desarrolló en mitad de la naturaleza, se me acrecentó la necesidad perentoria de estar en contacto casi a diario con ella, como un impulso ancestral, atávico o de alguna manera salvaje. Y así lo he hecho, lo sigo haciendo y espero seguir mientras pueda. Al fondo de cada paisaje, de cada animal fotografiado, de cada flor, de cada piedra, siempre está Félix.


Manada hiciste. Manada
de linces, lobos, vencejos.
Padrino de catalejos,
cabeza privilegiada.
Visionario sacamuelas
en permanente safari
fotográfico de entonces,
graduado en las escuelas
del torzuelo y del baharí
de los oros a los bronces.
Tu expresión clarividente
de la radio frontispicio.
El verbo puesto al servicio
en medio del medio ambiente.
Colmabas todo el cenacho
de mi infancia más temprana
con tu luz, y a tu ventana,
con mis ojos de muchacho
me asomaba sorprendido
a descubrir tanta vida
agazapada, escondida
dentro de mi mismo nido.
La aventura de lo vivo,
la magia más animal
pasó a ser fuerza vital
y el centro de mi motivo.
En la nieve quedé solo
con mi primera orfandad
de un bofetón sin piedad
cerca del nórdico polo.
Brotó la melancolía
del interior de mis ojos,
el llanto de los rastrojos
me alimentó noche y día.
Con mis penas desplegué
más campo en el horizonte,
de pájaros el remonte
compuse el paso y volé.
Y te vi entre las encinas,
y en los surcos, y en las eras,
y en todas las primaveras
me rondas por las esquinas.

martes, 4 de febrero de 2020

domingo, 1 de diciembre de 2019

Collalba negra, la collalba de las rocas.



Collalba negra (oenanthe leucura)
Inconfundible por lo contrastado de su plumaje, casi negro con gran parte de la cola blanca.

Pude fotografiar el pasado mes de mayo a esta collalba negra, que era una asignatura pendiente de intentar, y a la primera salió bastante bien. 

Gusta esta collalba de roquedos importantes y quebrados, pero no en todos se encuentra cómoda, así que hay que buscarla en los que le resultan querenciosos.

No es muy abundante en el oeste Ibérico, así que cuando se localiza alguna es señal de que en ese sitio encuentra refugio y comida suficiente.

Y lo mejor de todo es que es sedentaria, por lo que con un poco de suerte se puede ver todo el año en la misma zona, aunque haga desplazamientos parciales en invierno.

También tiene cierta querencia a los cortados fluviales, si estos son suficientemente quebrados y verticales.



Dos sesiones hice aquellos días, ambas razonablemente exitosas. Espero repetir.