El claro oscuro del soto descubre inquietos movimientos entre el suelo y su maraña de dedos espinosos. La hojarasca y el musgo tapizan en complicidad la derruida pared de granitos milenarios y azuladas pizarras, testigos del tiempo más elaborado; del crecimiento arbóreo, de la vida y de la muerte continuas y perpetuas; distantes y hermanadas. Párvulos retoños de frutal arañan las cortezas cenicientas. El curioso enmascarado de rubores salta y se descuelga, aterriza y se evapora ávido de fértiles gusanos, escurridizos manjares; néctar de hojarasca al fin. Fugaz, ajeno en su tarea al sabor a tiempo de las piedras.
Su figura de "ratón con alas"y su metálico reclamo está presente en todos los sotos, comodo entre su maraña.
Joven Petirrojo tras abandonar el nido, de plumaje más críptico y ausencia de los tonos que le dan nombre.
(Tec, tec). Rubores
(Tec, tec), a ras de suelo,
alma de gurumelo,
saltimbanqui de las flores.
Bolita de algodón leve
y mirada de aceituna,
breve y dudosa fortuna
y prisa de paso breve.
(Tec, tec). Se ha ido.
(Tec, tec). Regresa
saltando de mesa en mesa
y evitando ser comido.
(Tec, tec). La pluma
(Tec, tec), y el viento.
Ave, luz y movimiento;
resultado de la suma.
(Tec, tec). Recuerdo.
(Tec, tec). Tu risa
me transporta con la brisa
y hacia la niñez me pierdo...
(Tec, tec), a ras de suelo,
alma de gurumelo,
saltimbanqui de las flores.
Bolita de algodón leve
y mirada de aceituna,
breve y dudosa fortuna
y prisa de paso breve.
(Tec, tec). Se ha ido.
(Tec, tec). Regresa
saltando de mesa en mesa
y evitando ser comido.
(Tec, tec). La pluma
(Tec, tec), y el viento.
Ave, luz y movimiento;
resultado de la suma.
(Tec, tec). Recuerdo.
(Tec, tec). Tu risa
me transporta con la brisa
y hacia la niñez me pierdo...